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Los presidentes de la República del Ecuador y del
Gobierno Español, reunidos en la ciudad de Madrid el
14 de septiembre de 1989, suscribieron la Declaración
Conjunta Hispano – Ecuatoriana y promovieron el
proyecto de emisión de una serie de monedas
conmemorativas del Quinto Centenario del Descubrimiento e
América.
La principal meta impulsada por la Real Casa de la Moneda de
España fue utilizar la moneda como instrumento de
integración de los países iberoamericanos, con
la finalidad de dar a conocer a la comunidad internacional
su cultura e historia.
La Serie Iberoamerica de Monedas Conmemorativas ha manejado
distintas temáticas, bajo un esquema de
características comunes con la especificidad de cada
país participante. Argentina, Cuba, Ecuador,
España, Guatemala, Nicaragua, México,
Paraguay, Perú y Portugal son los países que
mantienen el vínculo histórico
numismático de esta importante serie.
Investigaciones arqueológicas y antropológicas
han determinado que en las tierras que hoy conforman el
Ecuador, durante el Período de Desarrollo Regional
(300 a.C. – 500 d.C) la expansión territorial,
la organización jerárquica, el esplendor de
los centros ceremoniales, el alto nivel tecnológico,
la demanda de bienes suntuarios de gran calidad, sumados a
la ubicación geográfica, al río Guayas
como fuente de recursos y como vía de transporte, al
manejo monopólico de la simbólica y valiosa
concha spondylus, favorecieron el intercambio vía
marítima a mediana y larga distancia, no
únicamente de objetos y productos agrícolas
sino de conocimiento y tecnología.
Las referencias etnohistóricas de Sámano y
Xerez (siglo XVI) describen e ilustran las balsas
prehispánicas y su situación como medio de
transporte fluvial y marítimo; posteriormente lo
hacen también Jorge Juan y Antonio de Ulloa en 1748 y
Alejandro Von Humboldt en 1805, entre otros.
En 1526 Bartolomé Ruiz se encontró con una
balsa: “Este navió, tenía parecer cabida
de hasta treinta toneles; era hecho de plan y quilla de unas
cañas tan gruesas como postes, ligadas con sogas de
uno que dicen eneguen, que es como cáñamo, y
los altos de otras cañas mas delgadas, ligadas con
dichas sogas, a donde venían sus personas y la
mercadería. Traía sus mástiles y
antenas de muy fina madera y velas de algodón de
mismo talle, de manera que los nuestros navíos”
(Juan dde Sámano, Relación..., Madrid, 1844).
“Si ha sido digno, de que se llegue a la noticia de
todos el modo de las casas, no lo es menos el de sus
embarcaciones”. “Las Balzas no solo navegan en
aquel río, sino también en la mar. Su
tamaño es vario, y su ejercicio o destino
también: unas tienen el de la pesca; Otras sirven
para el tráfico del mismo río, conduciendo
todo género de mercaderías, y frutos desde la
bodega hasta Guayaquil; y de allí a la Puná,
Saltó de Tumbez y Payta. Y otras mas primorosamente
fabricadas para el transporte de las familias y sus
Haciendas y Casas de Campo” “La carga que
normalmente pueden soportar las grandes, es de 400 a 500
quintales; sin que la inmediación del agua sirva de
ofensa”. (Jorge Juan y Antonio de Ulloa,
Relación Histórica del Viaje a la
América Meridional..., Madrid, 1748, capítulo
IX).
Folleto informativo entregado por el Banco Central del
Ecuador el día 6 de Octubre en el acto de la
presentación de la moneda “La
Náutica”, en el Parque Histórico.
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